CAPITULO 23: FLOR MORADA.

La sala médica que permanece vacía, ahora dando alojó a Soka en una de sus camillas. Abre los ojos con dificultad como si nunca fueran usados, comprendiendo donde se encuentra ahora.

Con que así es una sala médica…

Pasea la mirada hasta ser guiado a la persona que está a su lado.

Es verdad. Solo ella puede hacer tales cosas…

—¡Soka!

Kusa envolvió los brazos con fuerza, lagrimeando de verlo despertar. Mientras él es asfixiado por su cariño.

—¡Nos diste un susto a todos, Soka!

—Ale…jate.

Kusa capta la razón y se aleja con vergüenza. Nadie puede detener sus grandes muestras de afecto.

—Perdón.

Frunce el ceño por tener que pasar esto.

Usó los brazos para sentarse en la camilla, seguido de una toalla que se desliza de su frente hasta su regazo.

Kusa responde sin pregunta.

—Tu cuerpo empezó arder de repente…

Sus cejas acompañaron su tono triste por el acontecimiento inesperado.

Soka observa la toalla fijamente, como algo surreal.

Yo nunca me enfermo… Nunca.

El gran Soka no tiene registro médico en ningún sitio. Kusa suspiro por ver esa expresión obvia.

—Nos quedamos en silencio por 10 segundos antes de llevarte hasta acá. Pero el doctor dió un buen resultado.

Ahora sonríe, feliz por su compañero sano. Entonces añade.

—ah, los demás se fuerón tras saber que estás bien. Me dejaron a cargo.

Todo dicho con orgullo de ser buena compañera.

La puerta de la sala médica se desliza, siendo el médico que pide la presencia de Kusa unos momentos.

—Vaya… Regreso en unos minutos.

Alza la mano como despedida y sale de la sala.

Soka no le tomo importancia a nada de eso. Solo tiene pensamientos del porque le pasó esto.

¿Tendré una enfermedad secreta…? ¿Será que alguien me hizo algo…?

De esa idea brotan muchos pensamientos para dar explicación a su caso. Decenas de hipótesis, decenas de escenarios, una flor…morada.

—¿Qué?

Una semilla llegó a la cúspide de su crecimiento, irradiando su belleza. Sus raíces se extendieron por cada memoria, con el fin de compartir su luz a base encerrarlas.

Llevo sus manos a su cabeza, sufriendo el ardor por cada vena quemada, empujado a soltar un grito desgarrador.

Nada sale, pues sus palabras son anuladas por un suave roce en sus labios.

—No me gustan los ruidos fuertes.

Mushika llegó como manifestación sobre las memorias de Soka. No deja pensar, solo actuar al mandar su primer recuerdo manipulado.

Kusa regreso después de culminar un registro.

—listo. ¡Regreso la mejor…

La sala vuelve a estar vacía. La camilla solo conserva el desorden.

—…compañera.

Todo está en su lugar, nada fue usado para huir.

Salio de la sala médica hacia el exterior, llegando tarde para no encontrar a su compañero.

—…

Soka creo una larga distancia. Ignora cada saludo de los transeúntes como siempre hizo, moviéndose con velocidad al destino trazado sobre sus memorias. La flor será su nueva guía.