Puedo decirte algo; He tenido que levantarme temprano por más de 15 años, en mis años de estudio y ahora en los años de trabajo, casi siempre en la misma hora, despertar y hacer rutina lo normal diría yo; el mismo tic tac de la alarma tan agonizante, pero ahora, en esta mañana, ese mismo sonido que he escuchado por tanto tiempo me parece tan molesto, que puedo sentir como me taladra el cerebro con su molesto, MOLESTO, sonido…
Despierto con las manos vacías, sin haber logrado cruzar de vuelta a ese lugar. No tengo fuerza, ¿cansando de que, si ayer no hice nada?, aun así, mi cabeza me pesa toneladas; reviso la hora en mi teléfono y sin las 6:41 AM, hora de levantarse y preparaste, igual que ayer, igual que hoy, igual que mañana. Me levanto de mi cama y me dirijo directamente al closet, veo mi ropa, está vez por alguna razón, no me gusta nada de mi ropa, pienso el motivo por el cual aún tengo este tipo de ropa, camisas de un color, playeras deportivas viejas y pantalones simples y sin más, ¿por qué siento está necesidad de?: Insultar, Juzgar o Indiferencia.
Veo por la ventana el sol, el mismo sol de siempre, su brillo tan molesto, por las cortinas el sol no puede entrar totalmente a la habitación, por ese motivo mi habitación, no!, mejor dicho mi casa entera, siempre se ve oscura, no importa cuántas luces tenga, siempre existe esa esquina oscura; finalmente agarro una camisa y pantalón de mi closet y salgo de mi habitación, veo mi cocina, aún con los trastes sucios y la mesa con manchas de comida, ¿el día de ayer no limpie cuando termine de comer?, ¿Cene anoche?, es una sensación rara, pero siento algunos huecos en mi mente, no tengo la línea completa del día de ayer, ¿Acaso no sucedió algo el día de ayer?
Decido por segundo día no desayunar en casa, prefiero correr y comer algo en el minisuper; agarro mis cosas de la pequeña mesa y salgo de casa, camino rumbo al minisuper…
—¿Me desperté muy temprano o por qué no hay niños rumbo a la escuela? —, pensé—, camine por unas cuantas calles y llegó al minisuper, al entrar veo a varias caras conocidas, pero no lo suficiente como para detenerme a sonreír o saludar. ¿Galletas o un Pan dulce?, ¿que sería mejor?, las galletas son ricas y tienen muchas piezas, pero el pan es suave y también es rico, Galletas será el día de hoy, al agarrar las galletas más sellos de advertencia y un chocolate caliente de la máquina, me acerco a pagar en la caja.
Me formo en la caja, la cajera atiende con la eficiencia mecánica de siempre, hasta que levanta la mirada y sus ojos chocan con los míos. El escaneo dura apenas medio segundos antes de que yo baje la vista hacia el mostrador, una persona alegre y joven, quizá tiene mi edad, pelo negro, lentes grandes con su ropa del minisuper.
—Eres T/N, ¿verdad? —pregunta sin alzar la voz, pero con una certeza extraña.
Mi propio nombre me zumba en los oídos, intento buscar en la memoria, alinear su rostro y su tono, pero hay estática, no hay trabajo en su voz, no hay algo en mi mente con su rostro.
—soy Brenda. Estábamos en el mismo salón en la secundaria.
¿Brenda?, no puedo escarbar en mi mente, no puedo agarrarme de algo, mis ideas se desconectan a medio camino. A pesar de mi cansancio, quiero sonar amable, tengo que mostrar que si la recuerdo.
—Ah… que sorpresa. Cuanto tiempo —digo, intentando ordenar mis palabras —, ¿cómo está la familia? Todo bien, espero.
—son $56. ¿tarjeta o efectivo? —pregunta ella, notando el pequeño esfuerzo en mi voz
—tarjeta—
Pongo el plástico en la terminal. Brenda me observa mientras la maquina procesa el cobro.
—todo bien por suerte —responde, con un tono más cálido.
—me sorprende que te acuerdes de mí, la verdad. Casi nunca hablabas con nadie. Aunque yo te veía mucho en los recesos… dudo que tú me notaras a mí.
Quiero responderle algo coherente a eso, reconocer de algún modo que la estoy escuchando o al menos la recuerdo, pero el pensamiento se me resbala.
—sí, que tiempos aquellos. Los recuerdo como si fuera ayer —dugo, soltando una pequeña sonrisa sincera.
—sí, yo también. Era bueno solo despertar y estudiar. No tener que preocuparte por el dinero ni el trabajo… ni verte tan cansando —agrega lo último casi en un susurro.
—antes era mejor, sin duda —contesto, intentando seguir el hilo de la charla sin que note mi promitente cansancio.
Saco mi tarjeta, agarro mis galletas y el chocolate caliente. Le devuelvo una sonrisa amable y doy unos pasos hacia la salida.
—¿tienes novia, T/N? —suelta de golpe, alzando un poco la voz
Me detengo a un paso de la puerta automática, a suficiente distancia para que no se abriera, intento procesar la pregunta de forma correcta, una respuesta limpia.
—no, no la tengo —respondo con una especie de honestidad y desconcierto.
Doy el último paso y la puerta se abre. Quizá debí voltear a verla, hubiera sabido la gran sonrisa que puso al escuchar mi respuesta, doy un sorbo de mi chocolate y camino, alejándome del minisuper.
No la recuerdo, ni recuerdo lo que hacía en la secundaria, en mis años de estudio solo recuerdo al profesor Uriel, sus charlas y consejos, otras cosas aparte de eso, nada, no debió ser alguien importante en mi vida.
…
Continuo con mi Camino y llegó a la estación, el llegar tiro el chocolate y la envoltura de las galletas, estás vez Ribery no está, debo esperar el bus solo, aún que siempre estoy solo en este lugar, fue entretenido tener a Ribery estos 2 días. Ahora solo escucho a los demás, sus conversaciones sobre el clima y personas, ¿Que trasero tiene esa?, ¿Yo si me animo con ella?, ¿El clima está para no hacer nada?, ¿Que desayunaste?, hoy será diferente…
¿Tú también esperas el bus en esta estación T/N? …un momento, por qué dijeron mi nombre.
Levanto la vista y tengo a otro desconocido frente a mí, al igual que “Irma” (Brenda) o algo así se llamaba la cajera, me pregunta algo junto a mi nombre.
—¿Tú también esperas el bus en esta estación T/N? —pregunta el desconocido—
El nombre hace que levante la vista y veo a un chico frente a mí. Intento descifrar su cara, descubrir de donde me conoce, pero las ideas se resbalan
—no sé quién eres —digo, intentando sonar firme a pesar del cansancio.
—soy Tobías. Estoy en la misma celda, solo que en la línea 2. fuiste entrenador y yo estaba en ese grupo hace una semana
Fruto de mi esfuerzo por recordarlo, las piezas se conectan a medias.
—ya te recuerdo, siempre si te quedaste, que sorpresa esa empresa no contrata tan seguido—
—también para mí fue una sorpresa; vives cerca, yo vivo a unas calles de aquí— continúa diciendo el, con una naturalidad que contrasta con mi ser—
—sí, vivo cerca del parque—respondo manteniendo el hilo de la plática sin perderme—
—que sorpresa, no esperaba encontrarme con alguien conocido, ya que estamos muy lejos del trabajo, ¿vives con tus padres? —
Por qué sigue hablándome, soy una especie de psicólogo para las personas y por qué ahora escucho mi voz tan fuerte, es como si estuviera narrando una historia, es como romper la cuarta pared, pero si yo estoy viendo algo y alguien me está escribiendo, pero al también lo escribieran eso serían como romper 20 paredes, o algo así dijeron en una película.
Al perderme en mis pensamientos, él se me queda viendo como yo cierro los ojos y sonrió por unos segundos.
—oye estás bien, pasa algo— dice Tobías, mirándome extraño por mi pausa
—sí, no es nada, solo pensaba—, saliendo de mi trance—Entonces Tomas, en qué área estás—.
—Tobías, y estoy en la línea 2 de tu celda—
—cierto, cierto— murmuro, intentando ocultar mi torpeza
El chirrido del bus hace terminar la conversación, ver cómo se forma la fila hace que de unos pasos hacia atrás.
—bueno fue un gusto conocerte Timy, ojalá vernos otra vez—
Le doy la espalda a esa persona, me formó en la fila, subí al bus y sorpresa el bus aún tenía asientos libres, así que este día puede iniciar con el pie derecho.
Al sentarme y decidir dormir, una persona se sienta a un costado de mí, junto a él, su mochila quien está a su lado me aplasta mi brazo
—oye ten cuidado—
Abro los ojos y es ese tal To…To…, no me acuerdo de su nombre, pero no importa me lastimo el brazo, lo que hice a continuación es cerrar los ojos y fingir que duermo para que me ignore y ni me hable, al menos, intento ignorarlo mientras el bus sigue su marcha rumbo al trabajo.
…
…
El bus llega a la parada industrial justo a tiempo son las 7:38 AM, dudo mucho que inicien turno antes de tiempo, así que camino con un paso normal, veo a las otras personas saludarse y hablar, temas y temas que no me interesan, siento como sus voces aún que lejanas, me empieza a consumir y ese ruido de máquinas y ventiladores gigantes que se escucha a lo lejos, es la mezcla perfecta para que este en otro lado. Ojalá estar en ese lugar, esa tranquilidad que porta y su paz, no se compara con esto.
Registro entrada, y camino hacia mi celda, paso por las líneas, miradas se cruzas y charlas se detienen por algún motivo cuando paso cerca de las personas, no es algo que sea importante pero crea una sensación extraña; al ver a los lejos mi línea y mi asiento vacío, hace que sienta tranquilidad de no tener que hablar con ELLA… ¿Acaso no quiero hablar con ELLA?, si quiero hablar con ELLA, pero ahora no me siento capaz, el peso en la cabeza y la sensación de presión en el cuerpo me haría llorar o gritar si es que hablo con ella.
Llegó a la línea, me siento en mi lugar y me cuesta mi cabeza sobre la mesa, volteando hacia la línea, veo a los demás de la línea, pero por algún motivo no veo a ELLA, quizá la estén cubriendo o en este momento no esté.
—es raro que aún no haya llegado ELLA—dice alguien—
¿Aún no llega?, pero ayer me preguntó que, si hoy venía yo, supongo que si era verdad que ella quería vacaciones, era obvio, por qué otro motivo ELLA, me hablaría si no fuera por su necesidad, no importa, no debí pensar demás.
Llegan las 8:00 AM, y tampoco Ribery ha llegado a la línea, pregunto a mi compañero de alado.
—¿Sabes que paso con Ribery?—
—Lo cambiaron de línea, según para ayudar con un nuevo material—
—no sabía, apenas le dijeron sobre eso—
—hace una semana, el líder de celda y le dijo eso, un martes o miércoles—
—no me había dado cuenta—
Regreso a mi mesa y saco mi teléfono, veo en las llamadas, 15 llamadas perdidas de Mamá hace 2 días, y una llamada perdida de Ribery hace 12 minutos; veo mensajes y 4 mensajes de Ribery hace 5 minutos, <olvide decirte que me van a cambiar>, < ahora vas a estar solo>, no me había dado cuenta de los mensajes, que más se puede hacer, hoy estaré solo, no pasa nada, ya he trabajado solo.
—creo que estará como una semana ayudando en la otra línea— dice mi compañero—
…
…
Mientras sigo trabajando, veo pasar personas hacia el comedor, veo a mi línea y estoy solo en la línea; es hora de comer y no me había dado cuenta, me levanto de mi asiento y camino haciendo el comedor.
Grupos de 2 o 5 personas veo adelante, un grupo de amigos, risas y charla de lo que siempre habla Ribery, veo bien a ese grupo de amigos y en el centro efectivamente está Ribery, quien ríe y habla con todos los demás, deben ser las personas de la otra celda, tan rápido actúan como amigos.
Llegó a la entrada del comedor, veo como ese grupo de amigos entra antes que yo, me detengo en la entrada, en las mesas veo al mono que ahora se viste de veraniega, a ese Timy (Tobías) o algo así se llama, ríe junto a otras personas que no conozco; decido no entrar al comer, sigo de largo y camino a los baños que están junto a la entrada del comedor.
Ahora estoy en los baños, sentado sobre la tapa del inodoro, solo miro las sobras que están afuera del baño, en cada parpadeo veo ¿Arena?, colores claros, una sensación de un horizonte sin fin, las voces afuera se sienten cada vez más lejos. ¿Estoy en un lugar?, ¿estoy en ese lugar otra vez?
El sonido de golpeó de una puerta hace que termine ese trance, abro los ojos, veo las paredes de ese baño, ese color oscuro, con frases escritas con plumón, insultos, declaraciones y frases sin más
“Quien desea realmente algo debe intentarlo”
Una frase que está en la parte inferior de la puerta, ¿intentarlo?, claro que lo estoy intentando, imagino y pienso en estar, realmente quiero volver a ese lugar, me levanto y bajo la cadena, el sonido del inodoro se funde y penetra mi mente, con eso el día termina.
Ahora estoy registrando salida, bajo las escaleras y me dirijo a la entrada, parpadeo y ahora estoy en la parada de buses esperando al siguiente bus, junto a otras personas con la misma apariencia que yo, cansadas.
Estoy a una calle de mi casa, la veo a lo lejos, cada paso tan pesado que el anterior, tengo cansado el cuerpo y también la mente, que día tan monótono, ese zumbido no se calla; llegó a la entrada de mi casa, abro la puerta, entro a mi casa, cierro la puerta y al parpadear estoy abriendo la para salir de mi casa con ropa diferente.
En qué momento entre a mi casa y dormía en mi cama, reviso la hora de mi teléfono y son las 6:50 AM.
Guiado por el hambre, mi intuición intenta no darle vueltas al asunto y camino hacia el minisúper, paso las mismas calles que pase el día anterior, al igual que ayer, no hay niños rumbo a la escuela, es como si fuera otra vez lunes o ayer era miércoles.
…
Entro al minisúper. Veo a Brenda en los pasillos acomodando las galletas, así que, sin planearlo del todo, termino caminando justo hacia su pasillo.
—Qué sorpresa, otra vez aquí, T/N. ¿Vives cerca? —dice Brenda, dejando de acomodar, levantándose y girando su cuerpo para quedar de frente a mí.
Me detengo un momento. Ya son dos personas que me preguntan lo mismo en menos de dos días. Intento buscar una respuesta lógica y limpia, pero las ideas se me enredan en la cabeza.
—Sí, vivo a unas calles de aquí, cerca del parque —digo, intentando sostenerle la mirada con una sonrisa leve.
Brenda me observa con atención, deteniéndose en los detalles que yo prefiero ignorar.
—Hoy te ves diferente… ¿Sí duermes bien? Alcanzo a ver unas ojeras bastante marcadas debajo de tus ojos.
Desvío la vista de golpe hacia los estantes de galletas. El cuerpo me pesa, pero intento salir del apuro con una excusa rápida que suene creíble.
—Me quedo despierto hasta tarde… jugando.
—¿Qué juegas? ¿FPS, MMO o juegos de teléfono? —pregunta, intentando alargar la plática con genuino interés.
—Lo que sea, de todo un poco. Ya sabes, soy todo un videojugador y esas cosas —respondo, barajando palabras al azar para cerrar el tema.
Extiendo la mano y agarro un paquete de galletas cualquiera y un vaso de chocolate caliente de la máquina.
—¿Te gustan esas galletas? Son buenas. A mí me encantan las que son de chocolate blanco —comenta ella, suavizando el tono.
—Sí, son especiales para mí. Deliciosas y ricas, supongo —digo, dando media vuelta para cortarle el paso a la conversación y caminar hacia la caja.
—te veo luego— se despide ella desde el pasillo —
Al pagar y salir del minisúper, volteo a ver el cielo doy un respiro y camino sin antes dar un gran sorbo de ese chocolate caliente, doy unos pasos hacia la estación de buses, avanzo y al cruzar la calle veo la estación, ya hay personas esperando el bus, pero una destaca más que los demás, el mismo hombre con traje y un maletín.
Decido no detenerme, continuo con mi paso, como unas galletas y doy sorbos de chocolate, parpadeo varias veces, estoy a un cruce de llegar a la estación de buses, un carro pasa frente a mí y ese hombre, esa silueta de hombre, desaparece.
Parpadeo otra vez y está vez estoy en la estación de buses, ¿cómo llegué aquí?, la sensación de agujeros en el tiempo se hace más evidente, como es posible no recordar una caminata que acabo de hacer.
El sonido del bus, las voces, el ambiente es tan ruidoso de que no puedo alinear ideas, es tan confuso todo esto, que puedo hacer, la luz de ese sol empieza aparecer siento su calor, como toca mi rostro, cierro los ojos un momento, intento orientarme, estar en el aquí y el ahora, me concentro en esa sensación del sol, en un instante ese calor de la luz del sol desaparece, una persona me tapa la luz o el bus se detuvo enfrente del sol. Abro los ojos y el día que parecía iniciar a terminado, el bus cierra sus puertas y avanza, el dichoso sol que sentía ya no está, en su lugar está esa pequeña luna.
Las personas que bajaron del bus empiezan a irse a sus casas, siento los hombros cansados, ¿mi cabeza más pesada que ayer o que hoy?, ya no tengo el chocolate ni las galletas, veo mi teléfono, 7:59 PM.
Qué clase de broma es esta, no recuerdo nada del día de hoy, pero por algún motivo no puedo pensar, no me siento bien, esas voces que se escuchan son tan molesta, maquillaje, ropa, deportes, sexo, sin importar que suceda aún siguen siendo tan irritantes.
…
Decido ir a casa, no recuerdo mi día, pero estoy demasiado cansado y estresado, como para pensar en algo más que en llegar a casa, mi caminar lento y algo tambaleante, el camino a casa es tan largo y lejano que no parece terminar, caminar y caminar, es todo lo que he hecho estos días, no sé de qué me quejo si siempre ha sido así, que necesidad de depender de Ribery y de ELLA, para que mis días sean buenos, esto es paz y tranquilidad.
Llegó a la casa. Me detengo en la entrada, pongo mi mano en la manecilla, me detengo un momento y si mi mente me hace otra vez esa jugada… que importa, igual tengo que trabajar mañana, abro la puerta y entro a mi casa, prendo las luces y cierro la puerta.
Veo la casa, mi casa vacía, sucia, en la mesa de la cocina mi laptop abierta, con la memoria que recibí, por un instante la veo, camino por mi casa, veo esa oscuridad que dice hace días o quizá hace semana, no lo sé, no entiendo este cansancio, me acuesto sobre el sofá de la sala, mientras veo el techo, escucho el sonido de encendido de mi laptop, levanto la cabeza y veo que está encendida
—¿por qué se prendió? —
Esa foto de un hombre flotando en el espacio de fondo de pantalla, mis ojos cansados, buscan esa carpeta y veo el número de videos que están, 35 videos contienen la carpeta, 35 videos que tienen el rostro del profesor Uriel; inicio el segundo video de la carpeta, subí el volumen de la laptop y camino hacia el sofá, mientras carga el vídeo, yo me aviento al sofá e inicia el video.
…
…
…
Un día de secundaria, yo estaba en una de muchas de las charlas con el profesor Uriel, en el salón vacío, solamente él y yo.
—te tengo un regalo T/N, mira un libro—dice el profesor Uriel—
—de que trata—
—no lo sé, debes leerlo para saber de qué trata—
—¿usted ya lo leyó? —
—miles de veces, pero hay un precio por el cual pagar por este libro, quieres saber cuál es—
—qué precio, profesor—
—al leerlo, este libro hará algo en ti, recuerda la vez que te dije sobre los bordes, ese momento dónde abres los ojos lo suficiente—
—si lo recuerdo, cuando dijo eso, también dijo que, uno debe estar listo para ese momento—
—eso mismo, te lo daré para que lo leas no hoy, sino mañana, si sabes a lo que me refiero, aún no estás listo para leerlo, pero hoy te lo daré para que lo tengas—
El profesor Uriel saca un libro mediano con una pasta de piel grisácea con una palabra escrita en la portada.
—¿Vivirse?, que significa eso, profesor Uriel, es Vivir la palabra o por qué está escrito así—
—es una palabra así más T/N, no hace falta entenderla, quiero que lo cuides bien, es un objeto muy preciado para mí, te tengo la confianza suficiente como para que tengas algo mío—
…
Cómo el día había finalizado, solo quedaba despedirnos, el profesor Uriel con su bicicleta y yo caminando, en el trascurso a mi casa, la curiosidad me empezaba a carcomer, no podía esperar ese día. En cuanto crucé la puerta, me atrincheré en la recámara antes de que empezaran los gritos o los reproches. Sobre las piernas sostenía el libro de Uriel: pesado, de pasta de piel gastada. Al doblar la primera hoja, me topé con un párrafo escrito a mano con tinta espesa. No parecía la caligrafía de un libro normal; era una nota ajena, un parásito clavado ahí a la fuerza:
Quien desea el infinito está condenado a contarlo, quien desea el finito está condenado a verlo, pero quién no desea nada, estará condenado a vivir y esa condena es la peor de todas. No por qué no desea sino por qué vive, quien decide vivir, quien decide no vivir, prefiero contar hasta el infinito que vivir, prefiero no preferir antes que vivir, no por eso no viviré, no y no, la condena del sabio es morir, la condena del ignorante es morir, mi condena es morir, entonces por qué viviré si moriré, claro y claro, como dije, la condena de quién no desea es vivir y morir a la vez, entonces desea vivir, deseo mi condena, ya que, así podré ser un sabio, un ignorante, así podré preferir y así podré vivir.
Mi mente, mi ser, mi todo, no entendí cada palabra que estaba en ese texto, una sensación de burbujeo en mi cabeza empezaba a crearse, entendí por qué decía el profesor Uriel —leerlo cuando esté listo— no me detuve después de leer ese texto, continúe cada página de ese libro, una tras otra, texto tras texto, no entienda las palabras “Existencialismo” “Ser Omnipresente” “Condena” “ Lugar perfecto” “Mi ser” “Presencia Astral” “Vivirse” , frase que leía, no podría explicarla, eran como fuegos artificiales y yo solo eran yo, “no entiendo” cada vez que terminaba una hoja de ese libro.
Al terminar unas cuantas páginas, mi cabeza estaba a punto de estallar, me palpitaba con si la inflaran, era muy tarde mis padres me regañarían si estuviera aún despierto, dormí aun con ese dolor, pasaron los minutos, no sabía que me pasaba era la primera vez que no podía dormir, empezaba a escuchar una voz que no sabía de dónde venía.
Después de un rato pude dormir, sentí satisfacción al dormir, pero no soñé o tuve una pesadilla, abrí los ojos y estaba flotando en el espacio exterior, yo estaba flotando hacia la oscuridad, enfrente de mi están el mundo, no importa que me vaya del mundo, dónde estoy ahora, me siento feliz, veo las estrellas, veo un cometa, siento tranquilidad, me siento en paz, este lugar es increíble.
Sin tareas, sin dudas, sin regaños de papa, puedo estar aquí para siempre, sin ese dolor en la cabeza, es divertido, es muy divertido estar aquí, ojalá nunca se acabe.
…
…
…
Estoy en mi cuarto, acostado en mi cama con los ojos abiertos, al ver el techo intento iniciar un monólogo interno, quiero tener control de algo, quiero saber que estoy a salvo en mi cama, quiero sentir esa paz que la información da, quiero…quiero.
Mientras repetía esa palabra, poco a poco mis ojos se cerraban, de estar en mi habitación, ahora estoy en una oscuridad que provoca el sueño, el sonido del ambiente se siente tenue, siento como ese peso en los hombros, el dolor de cabeza y esa molestia en los pies, parecen desvanecerse, como si se estuvieran alejando. Esa comodidad de mi cama, al igual que esos dolores desaparece, ahora siento que estoy acostado sobre algo duro y, pero suave, la oscuridad que sentía en mis ojos cambia a una luz, como si estuviera en la tarde afuera viendo el cielo. Siento calma, levanto mi brazo y lo paso por dónde estoy acostado, es como si estuviera en una alfombra, suave pero dura.
Estoy así por unos minutos, solo siento que estoy en este lugar; ¿Aburrimiento?, lo dudo mucho, ¡Curiosidad!, diría, al estar tanto tiempo en este plano, la curiosidad hace que abra los ojos, ese brillo del sol me ilumina los ojos, poco a poco la claridad de mis ojos se empieza a notar, estoy en otra vez en este lugar.
—Estoy otra vez aquí—
Me levanto del suelo y a mi lado hay una persona unos metros de mí, vestido con ropa deportiva, joven y sin pelo, está en pose de estrella acostado en el suelo, con una sonrisa en su rostro, levanto la mirada y veo que estoy en una isla, forrada con una alfombra de color verde pasto, un árbol de cartón en medio de la isla y un pequeño ventilador que apunta hacia esa persona.
—¿Te vas a quedar tirado todo el día? — le pregunto al joven deportista que sonríe con los ojos cerrados en medio del pasto sintético.
—Es lo único que importa. Sentir la brisa y apagar la cabeza. Si buscas respuestas, vete a explorar; si buscas paz, quédate y respira.
Veo en los alrededores y ahí un pequeño puerto junto a una isla que está algo cerca de la nuestra.
—Ya veo, tienes curiosidad, es normal tenerla, puedes irte de aquí si tú lo deseas—
—que haces aquí, solo estar acostado en esta isla y ¿ya? —pregunto—
— Exactamente, es lo que hago siempre, estar acostado aquí, sintiendo esa brisa que el mar te puede dar, ese olor y esa sensación hace que sienta lo que soy, Tranquilidad—
—aja, no tienes curiosidad por ver qué hay más allá, que es ese puerto o esa isla que se ve con objetos flotantes o darte cuenta de que este árbol es de cartón—
—no importa lo que exista afuera ni lo que exista adentro de esta isla, si siento tranquilidad, significa que estoy en el lugar correcto y eso es lo que importa, vete y descubre, pero como dije antes, si quieres tener tranquilidad quédate y siéntela—
Doy un suspiro grande, ver a esa persona tirada en el suelo aún con su sonrisa y compararla con ver a las demás islas y sus cosas por ver, hizo que no sentirá era nada, no sentía dolor ni angustia, una sensación de burbujeo en mi cabeza apareció en su lugar, sonreí y Vi a las demás islas.
—quiero tranquilidad, pero también quiero descubrir la paz que tienes este lugar y aquí no puedo descubrirla—
—ya veo, entonces ve, aquí estaré, por si solo este lugar transmite paz y tranquilidad, así que no importa que te quedes, disfruta y sonríe que es lo más importante para sentir la tranquilidad—
Le doy la espalda a esa isla y esa tranquilidad, no quería estar solo en unas islas sintiendo la paz, quiero sentir paz aun saliendo de esa isla; piso ese mar sin agua y a paso veloz corro hacia la siguiente isla, con su puerto de madera.
Escucho ese silencio que recordaba cuando vine por primera vez, me siento ligero como si pudiera flotar, no siento cansancio ni fatiga, soy como un cohete rumbo a ese puerto.
Al llegar, veo con más detalle esa isla, un puesto de madera que termina unos metros sobre el mar, una alfombra de color grisáceo tipo piedra, pequeñas plantas y una persona de espaldas a mí en ella.
Piso esa isla y el entorno se torna de colores más claros, ese azul del mar se vuelve celeste, el cielo igual, el sol de color naranja en su punto de atardecer, esa persona se da la vuelta y me ve con una sonrisa, no se acerca, pero alza los brazos como un abrazo, un hombre algo grande, con lentes y pelo de color negro que refleja tonos azules, vestido con ropa algo inusual, tela hecha a mano un pancho o un cobertor enrollado en él.
—hola, soy calidez, supongo que aún no nos hemos presentado—
—no creo que aún no —
—no importa, te preguntas que es este lugar. no sabría decirte, sin verlo y sin sentirlo, te pregunto ¿puedes sentirlo?, el sol está en su punto y ese lugar igual, solo cierra los ojos y existe en este lugar—
Cierro los ojos y no existe oscuridad al cerrarlo, veo colores, naranja, azul y verde, en su forma más clara, siento como se mueven en mi mente, se mezclan y se mueven, al volver abrir los ojos, veo Calidez sentado en el puerto de madera con una taza y en ella saliendo humo de lo caliente.
—ven, siéntate a mi lado, quiero decirte algo, antes que la curiosidad te consuma—
Me acerco al puerto, siento como la madera rechina con cada paso que doy, al llegar con cuidado me siento junto a él.
—mira ese horizonte, al igual que la isla, se funde con la eternidad, no puedes ver la división en ella, estos sentimientos que provoca ese lugar, es el por qué estoy aquí, siempre… siempre… siempre este lugar es hermoso, siempre—
—si es lo que he visto, es tan tranquilo y cálido este lugar, como quisiera quedarme aquí para siempre—
—siempre digo eso, bueno yo siempre estoy aquí, pero es un decir muy cierto y verdadero, ¿verdad? —
—me gusta estos lugares, es divertido estar aquí, por algún motivo están ustedes y es agradable no estar solo, en estos momentos—
—puedes decírmelo, para esto estoy yo, por qué necesitas un lugar tan horrible si existe este lugar, puedes estar aquí el tiempo que quieras y cuando quieras, así que dime lo que quieras—
—en serio, ¿puedo hacer eso? —
—sí, de que quieres hablar, de lo que pasó hoy, de lo que pasó ayer, de lo que va a pasar mañana, soy todo oídos, cualquiera de aquí es todo oídos—duce mientras me da la taza caliente de chocolate—
—he tenido problemas, últimamente estoy solo en el trabajo, no he podido cumplir con mínimo en el trabajo, me siento cansado cuando llego a casa, siento un hueco en el pecho, es una sensación extraña y rara— digo mientas miro a esa persona, quien ahora es otra persona, un hombre viejo con el pelo blanco, al igual que los anteriores tiene una sonrisa en su rostro; estamos sentados en otro lugar, ya es el pequeño puerto, ahora es esa isla con los objetos flotantes, parecen ser piedras pero están tan tallas de reflejan lo que tienen enfrente, aun que veo a la islas anterior a la misma distancia
—me gusta recordar, cuéntame más—
—es raro, que pase esto—
—no te preocupes, te acostumbras con el tiempo, como dices te gusta estar aquí, no creo que te desagrade la idea de recordar—
Se levanta y con paso lento camina hacia los objetos flotantes, al tocar uno, su color cambia su tono cambia de un gris a un azul brillante.
—recuerdo ese día, estás ahí en el parque con tus amigos y jugaban fútbol, recuerdo esos momentos eran divertidos, risas y carcajadas, que tiempos—
$-#Yo no tuve amigos de niño±$
Al tocar otro objeto, su tono cambia a naranja, y como si fuera una pantalla transmite otro recuerdo.
—ese día con tus padres donde jugaban a ese juego de mesa, mono… Mono plus se llamaba, lo recuerdo bien, las risas y carcajadas—
—yo también los recuerdo, por qué me enseñas todo esto, si estuve ahí—digo con una sonrisa—
$-¿Nunca estaban mis padres en casa?±$
—solo son recuerdos para ti, es bueno recordar esos bellos momentos, si vuelves otra vez puedo enseñarte más recuerdo de cualquier tipo si deseas—
—lo haré, es increíble este lugar, me gusta cómo funciona, me quiero quedar para siempre—
Veo más de cerca esos objetos flotantes, al acercar mi mano a ellos y tocarlo, se tornar de un color negro carbón, al instante ese viejo toca mi hombro.
—eso mismo digo, pero sé que no te vas a quedar en esta isla, aún hay más, mira haya a lo lejos, por qué no vas y después regresas para contarme quien está ahí, ya que yo no puedo salir de esta isla—
—claro, aún quiero seguir explorando, es increíble está isla, por cierto—
Mientras digo eso, el viejo toca el objeto flotante y por el golpe se empieza a alejar de mí.
—anda, explora todo lo que quieras, me divierto al igual que tú, describiendo algo nuevo e increíble, y por lo visto este lugar es quien lo hace—
Salgo de la isla, despidiendo me dé ese viejo, volteo a ver esa isla que dijo, una isla muy lejana, comprándolas con las otras es la más lejana que veo por ahora, no importa, aquí no hay dudas, no hay dolores ni cansancio, puedo llegar fácilmente.
Corro y corro por ese mar, cada paso en él es mejor que el anterior, afuera no puedo correr, siento dolor y cansancio, aquí me siento libre, es tan grande y tan libre, no puedo dejar de decir “me gusta este lugar”
Ante largo camino llegó a esa isla que dijo el viejo, una isla pequeña respecto a las anteriores, un niño está en ella, un niño con un mameluco de vaca, viendo un charco de agua en su isla, al pisar la isla el niño me ve.
—Ven, mira esto, rápido—
—¿Qué sucede? —
Al acércame al niño junto al charco, el sin despegar la mirada apunto al charlo, en el cual se refleja su rostro, el mío y el cielo.
—Mira el suelo azul, ese color azul y esas nubes tan grandes—
Veo el charco de agua, miro el cielo que dice, pero también veo mi rostro, ese mismo rostro que vi hace días, con ojeras y decrepito, ahora me veo otra vez, con una sonrisa, sin esas ojeras, algo inspirado diría, el niño con sus ojos bien abiertos aun viendo el cielo del charco.
—es muy hermoso, ¿Verdad? —
—Si, es muy bonito, es muy grande—
Levanto la mirada y miro a los alrededores, no hay nada, es solo el charco de agua en la isla, sin palmas ni alfombra, veo un punto que se ve en el horizonte aislado de las demás islas
—¿sabes qué es eso? —pregunto—
—Monotonía, Tristeza y Realidad, supongo que lo llaman “Trabajo”—
—Trabajar cierto, debo trabajar, tengo que…—
—por que debes pensar en eso aquí, aquí no existe nada de eso, no hay dolor ni angustia, disfrútalas—
Es verdad, por qué me preocupa el día siguiente si aún no pasa, debo disfrutar este momento.
$/€={√Por qué estoy aquí?(+3#$
—puedo acompañarte a ver el cielo por el charco—
—si puedes, acércate, mira está nube que parece un carro—
Miro otra vez el charco, me agachó para ver la nube que dijo el niño
—mira la otra parece un reloj—
—¿Cuál dices?, la de arriba o cuál dices—
—la otra tiene forma de un 6, la otra de un 4 y un 0, mira la otra también tiene forma de agonía y la otra de dolor—
—oye que cosas dices—
Siento un empujón en mi espalda y caigo el charco de agua, lo atravieso, es como si estuviera cayendo en un poso, veo como el niño y el cielo se aleja de mí, escucho voces, escucho el sonido de un refrigerador y la sensación de vibración que viene de mi bolsillo derecho.
Estoy otra vez en mi casa, acostado en el sofá, saco mi teléfono de mi bolsillo y veo que es la alarma, son las 6:40 AM, del día viernes, siento otra vez el dolor en los hombros, ese peso en la cabeza y ahora un dolor justo en la espalda.


